jueves, 15 de noviembre de 2012

El niño al que se le murió el amigo.


Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre: “el amigo se murió. Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar”.El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. “Él volverá”, pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hoja­lata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar. “Entra, niño, que llega el frío”, dijo la madre. Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos, y pensó: “qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada”. Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y le dijo: “cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido”. Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.


- Ana María Matute -

Carta a Rubén Darío.


“Perdón si le molesto una vez más. Hoy he logrado un momento de calma en mi eterna exaltación dolorosa. Y estas son mis horas más tristes. En ellas llego a la consciencia de mi inconsciencia. Y no sé si su neurascenia ha alcanzado nunca el grado de la mía. Yo no sé si usted ha mirado alguna vez la locura cara a cara y ha luchado con ella en la soledad angustiosa de un espíritu hermético. No hay , no puede haber sensación más horrible. Y el ansia, el ansia inmensa de pedir socorro contra todo- contra el mismo Yo, sobre todo- a otro espíritu mártir del mismo martirio. Acaso su voluntad, más fuerte necesariamente que la mía, no le dejará jamás comprender el sufrimiento de mi debilidad en lucha con tanto horror. Y en tal caso, si viviera usted cien años, la vida debía resultarle corta para reír de mí- si es que Darío puede reír de nadie-. Pero si por alguna afinidad mórbida llega usted a percibir mi espíritu, mi verdadero espoírit, en el torbellino de mi locura, me tendría usted la más profunda, la más afectuosa compasión que pueda sentir jamás. Piense usted que ni aun me queda la esperanza de la muerte, porque la imagino llena de horribles vidas. Y el derecho del sueño se me ha negado caso desde el nacimiento. Y la primera vez que desborda mi locura es ante usted. ¿Por qué?Nadie debió resultar más imponente a mi timidez . ¿Cómo hacerle creer en ella a usted, que sólo conoce la valentía de mi inconsciencia? Tal vez porque la reconocí más esencia divina que a todos los humanos tratados hasta ahora. Y por lo tanto más inocencia. A veces me asusta mi osadía; y a veces ¿ a qué negarlo?, me reprocho el desastre de mi orgullo. Me parece una bella estatua despedazada a sus pies. Sé que tal homenaje nada vale para usted, pero yo no puedo hacerlo más grande.A mediados de octubre pienso internar mi neurosis en un sanatorio, de donde, bien o mal, saldrá en noviembre o diciembre para casarme. He resuelto arrojarme al abismo medroso del casamiento. No sé: tal vez en el fondo me espera la felicidad. ¡La vida es tan rara! ¿Quiere usted escribirme una vez más, aunque sea la última, para decirme solamente que no me desprecia”

- Delmira Agustini -

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Juguemos.



Juguemos a que nos amamos desde hace tiempo,
a que tu cuerpo y el mío no son ajenos,
a que mis manos conocen los senderos
de tu vientre y su armónico secreto.

Juguemos a que me amas desde hace tiempo,
a que mi corazón y el tuyo no son prohibidos,
a que tienes la respuesta al acertijo
que descifra mis deseos escondidos.

Juguemos a que nos tenemos desde hace tiempo,
a que nos pertenecemos sin freno,
a que sabes clausurar mis labios
con el aguamiel de tus beos.

Juguemos a que somos uno desde hace tiempo,
a que nos fundimos en el mismo sueño,
a que no hay frontera en nuestros cuerpos
que pueda limitar este nítido sentimiento.

Juguemos a que te quedas por mucho tiempo,
durmamos en la misma cama de este encuentro,
finjamos que el amor es dulce y que está contento,
y despuès déjame, si es que llegas al intento.


- Mauricio Leyva -

You are the one.




From the day i meet you,  
till the day ill die...

martes, 13 de noviembre de 2012

Quizás.


“Quizás, se ha ido hasta el recuerdo,
se ha ido todo de ti -o contigo-;
te has ido tú.
Te has ido y me has dejado solo.
Te has llevado todo, hasta yo
me he ido contigo.
Te has llevado hasta los silencios,
y la verdad, sin esto y lo otro,
-sin ti en realidad-
ya no sé, me he convertido
en tu fantasma, pues
ansío con toda el alma
un último beso,
una última palabra.”

 - De mis males, sin ti.